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Cuando apagan el recinto, enciende la ciudad: la ruta del after en las capitales festivaleras de Andalucía

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Cuando apagan el recinto, enciende la ciudad: la ruta del after en las capitales festivaleras de Andalucía

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Hay un momento, alrededor de las cuatro de la mañana, en que el megafónico anuncia que se acaba. Luces encendidas, seguridad animando a la gente hacia las salidas y esa sensación de resaca anticipada mientras esperas el shuttle bus. Pero en Andalucía el after nunca ha respetado los horarios oficiales, y las ciudades que acogen festivales cada verano tienen una segunda escena esperando a los que no se quieren ir a la cama.

Benalmádena: la Costa del Sol no duerme

Los que bajan de la colina del recinto con las botas puestas tienen un destino claro: el paseo marítimo de Benalmádena y el Puerto Deportivo. Bares como elKite y las terrazas de la zona de 24 Horas —el popular 'bitel', como lo llaman los locales— aguantan abiertos hasta pasadas las seis en plena temporada. La mezcla de guiris, chavales de Málaga y festivaleros despistados crea un ambiente que va del house comercial al reguetón sin pasar por el apretón de manos.

Si lo tuyo es algo más tranquilo, las chiringuitos de Carvajal y Torreblanca, camino de Fuengirola, sirven cañas frías mientras el cielo empieza a clarear. Hay una generación entera de camareros de la zona que ha aprendido a distinguir a un festivalero por las pulseras de tela que no se quita ni para ducharse.

Cádiz: el tacita de plata y sus madrugadas saladas

El after gaditano tiene algo que no tienen los demás: la luz. Sentarte en la plaza de las Tortillas, en el Baluarte de la Candelaria o en cualquier mesón de la Viya con un chiruca de frito y un tinto de verano cuando ya van saliendo los primeros espadones a correr es un ritual tan importante como el concierto que te trajo aquí.

La zona de la plaza de Candelaria y los bares del Pópulo concentran a los noctámbulos. El Manolo主题活动 y los garitos de la calle San Juan de Dios —hacia el casco antiguo— aguantan hasta las cinco o seis los fines de semana de festival. Y si la noche pide rompe, siempre queda la playa de La Caleta a esperar el amanecer con la mochila de sobras del mercadillo.

Granada: la ciudad que inventó la tapa nocturna

En Granada el after es un deporte nacional con siglos de antigüedad. La zona de Pedro Alarcó y la calle Elvira son el epicentro natural para los que salen del recinto con hambre y sed. Aquí la tapa funciona como moneda de cambio: una caña, una mini hamburguesa, y a seguir caminando.

Plaza del Humilladero, los bares del Realejo y el clásico Boogaclub —que programa conciertos y sesiones hasta bien entrada la mañana— son paradas obligatorias. Y para los que quieren el remate definitivo, el mirador de San Nicolás al amanecer con la Alhambra iluminada de rosa es el after más bonito de Europa, y cuesta exactamente cero euros.

Sevilla: del botellón elegante al garito de barrio

Los que cierran el festival hispalense tienen un mapa mental claro. La Alameda de Hércules es el punto de encuentro indiscutible: terrazas de copas, bares de barrio y una mezcla de público que va de la familia con niños a los que vienen del after del after. Los garitos de la calle Trajano y el entorno de la plaza de la Gavidia aguantan hasta el amanecer los fines de semana grandes.

Si el cuerpo pide algo más de aire, la orilla del Guadalquivir en Triana, con el puente de Isabel II de fondo, es el lugar donde los festivaleros rematan la noche con un helado y las últimas risas antes de que el metro abra a las siete.

Consejos de supervivencia para el peregrinaje nocturno

Lleva calzado cómodo que no sea el que llevabas en el recinto si puedes, carga el móvil antes de salir y ten localizada la parada del primer transporte de la mañana. Los bares de after no suelen tener cartas de comida seria, así que un bocadillo previo nunca está de más.

Y sobre todo, no le pongas prisa a la noche. En Andalucía la fiesta no tiene hora de cierre, tiene hora de apertura: cuando la del recinto termina, la de la ciudad empieza de verdad.

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