Mogollón, foso y otras palabras sagradas: el diccionario que todo festivalero andaluz lleva tatuado
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Hay quien prepara el festival con meses de antelación: entradas, furgoneta, playlist para la carretera. Pero casi nadie prepara el idioma. Y es que llegar al recinto sin dominar el argot festivalero andaluz es como pedir manzanilla en un bar de copas de Cádiz: no te van a echar, pero sí te van a mirar raro.
En Festival Música Sur hemos hecho de traductores. Este es nuestro diccionario de bolsillo para sobrevivir —con estilo— a cualquier fin de semana de festival del sur.
La A de 'abono' y la B de 'botellón previo'
Abono: la joya de la corona. Tres días de música, un fin de semana entero de recuerdos y, con suerte, un poco de voz al lunes siguiente. El abono no se compra, se invierte.
Botellón previo: rito pagano que tiene lugar en el parking, la gasolinera o el parque antes de entrar. Nadie lo organiza, pero todo el mundo lo respeta. Ahí se conocen los amigos de una noche que luego te enviarán memes en septiembre.
Barra del fondo: la que tiene menos cola y más personas que saben lo que hacen. El veterano nunca va a la barra de la entrada.
El foso y sus habitantes
Foso: la zona que separa a los que vienen a escuchar de los que vienen a vivir. Aquí se producen los mejores momentos y los codos más duros del verano.
Cachondeo del foso: ese estado de euforia colectiva en el que empujar, cantar y reírse de todo forma parte del mismo movimiento. No hay que confundirlo con jaleo: es pura comunión.
Primera fila por suerte: llegar al escenario dos horas antes porque el cabeza de cartel te cambia la vida. El que dice 'yo prefiero estar detrás' es el mismo que luego se sube a los hombros del de al lado.
El del gorro con cerveza en la mano que no para de hablar: figura clásica del foso. Siempre aparece en mitad del directo que más te importa. Aprende a quererlo.
Vocabulario del personal de sala
El equipo del recinto tiene su propio dialecto, y si lo entiendes, todo va más rápido.
Pulsera: documento de identidad, billete de tren y pasaporte emocional. Si te la quitan, has dejado de existir legalmente dentro del recinto.
Control de acceso: el trámite en el que tu mochila se somete a un interrogatorio más intenso que una entrevista de trabajo.
Zona de descanso: la zona con sombra donde la gente se recupera entre conciertos. También conocida como 'el lugar donde duermen los que vinieron desde las doce de la mañana'.
Cierre del recinto: momento en el que la música se acaba y la vida real (o el after) empieza. Ver también: 'la decisión más difícil de la noche'.
Palabras con acento sureño
Mogollón: multitud, ambiente, fiesta. 'Menudo mogollón hay en el escenario pequeño' es la frase más repetida de cualquier festival andaluz. Viene del slang clásico y aquí se ha quedado para siempre.
Madrugá: en Andalucía, la madrugada no termina cuando amanece. La madrugá es un territorio propio, con su propia banda sonora y sus propias reglas. Si el cabeza de cartel sale a las dos y media, la madrugá se convierte en el momento cumbre del día.
Rescaldo: ese calor que sube del suelo a las tantas y que hace que la arena del recinto parezca una sartén. El veterano lleva alpargatas o sandalias; el novato, unas Converse negras de las que se arrepentirá.
Ambigú: ese milagro entre conciertos donde se sirve un bocadillo, una caña y una sonrisa de compromiso. No es un restaurante, es un acto de fe.
Caravana: la fila de amigos que se sujeta el sitio en el foso con la técnica de 'uno va y va avisando'. Estructura social tan antigua como frágil.
El glosario emocional
Hay palabras que no salen en ningún diccionario pero que todos entendemos.
Peli: momento en el que el directo es tan bueno que la cabeza te dice 'esto parece una película'. 'La luces del escenario, el compás de bulerías... menuda peli, tío'.
Crudo: no se refiere al sol, aunque también. Un concierto 'crudo' es uno que te deja tocado, en el buen sentido. 'El directo de los onubenses fue crudo, no me acuerdo de llegar a casa'.
Sobreacontecimiento: cuando en el cartel hay tres conciertos que te importan a la misma hora. Dolor de cabeza programado.
Postfestival: síndrome que se manifiesta el lunes siguiente, con síntomas que incluyen escuchar la misma canción en bucle, revisar fotos a las tantas y mirar entradas del año que viene.
Cómo practicar antes del gran día
La buena noticia es que este idioma se aprende rápido. Basta con un fin de semana, algo de sol y una actitud abierta. Nuestros consejos:
- Escucha más de lo que hablas. Los veteranos se reconocen porque no explican, hacen.
- Adopta el vocabulario con naturalidad. Decir 'mogollón' con forzamiento delata al novato más que llevar la camiseta del cartel del año pasado.
- Pregunta sin miedo. En un recinto andaluz, nadie te va a mirar mal por preguntar dónde está la zona de sombra o qué significa la palabra que acaba de soltar el de al lado.
Y recuerda: el mejor diccionario no es este artículo, sino la gente que conocerás dentro. Cada festival tiene su dialecto propio, su acento y sus palabras que solo se entienden habiendo estado ahí. El verano pasado fue el escenario pequeño de un recinto de Cádiz; este año, quién sabe.
Nos vemos en el foso. Y si nos ves con la pulsera en la muñeca y la sonrisa de siempre, ya sabes: menuda peli nos espera.